Libro On-line “La caza del hacker” (The Hacker)
July 28th, 2007 by BusindreEste libro es un ensayo sobre los distintos sistemas operativos y las distintas empresas relacionadas con la informática como son MacOS/Macintosh, Windows/Microsoft, BeOS/Be, GNU/Linux, etc… Relata el panorama hacker de los años90, cuando se produjeron masivos arrestos a hackers de la época, produciendo el típico debate entre “Delitos informáticos” Vs “Derechos civiles”. Traducción al castellano gracias al equipo de traducción de kriptópolis, una lectura muy recomendada.
Tienes en tu pantalla, el trabajo voluntario de un equipo de internautas de habla española. Su residencia formal se extiende por España y buena parte de Latinoamérica, pero utilizando Internet hemos podido reunirnos y llevar a cabo la traducción de este texto de Bruce Sterling.
Hace ya tiempo vimos que el material sobre cibercultura e Internet en español era más bien escaso y pobre. Hay gran cantidad de revistas y libros, pero suelen limitarse a aspectos técnicos y no hay apenas nada, sobre los aspectos sociales del ciberespacio. Por ello, dado que conocíamos la obra de Bruce Sterling y la consideramos muy valiosa, nos pusimos en contacto con él y le pedimos permiso para traducir ‘The Hacker Crackdown’. No nos puso ningún reparo y muy amablemente nos autorizó.
Mediante el boletín de Kriptópolis, el grupo inicial de trabajo -solamente cuatro personas- conseguimos reunir finalmente una treintena de voluntarios, con lo que pudimos llevar este proyecto a buen puerto. El resultado es este texto, que por supuesto al igual que la edición en inglés, puedes distribuirlo libremente, mientras no suponga beneficios económicos e incluyas la lista de todas las personas que lo tradujeron.
Esperamos que lo disfrutes y que te sea útil para adentrarte en esos aspectos de Internet, que son algo más, que mirar páginas web o charlar en chats.
El equipo de traductores de Kriptópolis
Esta traducción de ‘The Hacker Crackdown’ fue llevada a cabo por las siguientes personas:
Del capitulo I:
Martín, José Luís
De los capítulos II, III y IV
Arias, Luis
Arteaga, Manuel Juan
Ausejo Prieto, Rafael
Ayora, Jorge
Benedi Sánchez, Octavio
Bernad, José María B
Bravo, Blanca
Bravo, Juan
Carmona, Isidro
Casacuberta, David
Cortes, Francisco
Diéguez, María Luz F
Fernández Bañuelos, Juan Gerardo.
Fons, Vicente
Franquelo, Amelia
Lázaro-Galdiano, Borja
Martín, José Luís M
Montesinos, Antonio
Pérez Correa, Pedro
Quintero, Leonardo
Rodríguez Ocampo, Marden Roberto
Rojas, Fernando
Salazar, Walter
Sanz, Antonio
Sánchez Blanco, Sonia
Santacreu Alfonso, Alejandro
Suárez, Jaime T
Tokman, Martín
Vales, Miguel Ángel
Vaquerizo, Eduardo
Revisores
Casacuberta, David
López, Carlos.
Magnus, Sven.
Montesinos, Antonio
Revisión global, diseño y maquetación
Ardura Martín, Julián
Esta traducción es un proceso en continua evolución. Si observas algún error, alguna frase mal expresada, etc., envía el gazapo a:
Da5id@globaldrome.org
Prólogo a la edición electrónica
1 de enero de 1994 - Austin, Texas
¡Hola! Soy Bruce Sterling, el autor de este libro electrónico.
En el tradicional mundo de la imprenta, ‘The Hacker Crackdown’ tiene el ISBN 0-553-08058-X y está catalogado formalmente por la Biblioteca del Congreso como:
1. Delitos informáticos - Estados Unidos.
2. Teléfono - Estados Unidos - ‘Prácticas ilegales’.
3. Programación (computadoras) - Estados Unidos - ‘Prácticas ilegales’.
‘Prácticas ilegales’, siempre me ha gustado esa descripción. Los bibliotecarios son gente muy ingeniosa. La edición en rústica tiene el ISBN 0-553-56370-X. Si compras una versión impresa de ‘The Hacker Crackdown’, algo a lo que te animo, te darás cuenta de que al principio del libro, debajo del Copyright -”Copyright (c) 1992 Bruce Sterling”- está este pequeño bloque de texto legal del editor. Dice y cito textualmente:
“Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de ninguna manera y por ningún medio, electrónico o mecánico, incluyendo la fotocopia, la grabación, o cualquier otro sistema de almacenamiento y recuperación de información, sin permiso escrito del editor. Para más información, diríjase a Bantam Books”.
Éste es un buen descargo de responsabilidad, dado el estilo habitual de estos descargos. Colecciono descargos de propiedad intelectual, he visto docenas de ellos y éste es al menos, bastante franco. Sin embargo, en este caso particular, no es bastante preciso. Los de Bantam Books ponen este descargo en todos y cada uno de los libros que publican, pero Bantam Books no posee realmente los derechos electrónicos del libro. Yo los poseo, gracias a ciertas maniobras que mi agente y yo hicimos, antes de que se escribiera este libro. Quiero ceder esos derechos de publicación electrónica a través de ciertos canales sin fines de lucro y he convencido a Bantam de que es una buena idea.
Dado que Bantam ha decidido pacíficamente ajustarse a mis esquemas, los de Bantam Books no van a andar metidos en el asunto. Con tal de que no intentes vender este libro, no te molestarán, hagas lo que hagas con la copia electrónica. Si quieres comprobarlo personalmente, puedes preguntárselo. Su dirección es:
Broadway, 1540 Nueva York Nueva York 10036.
Sin embargo, si has sido tan estúpido como para imprimir este libro y empezar a venderlo, sin respetar mi Copyright y los intereses comerciales de Bantam Books, entonces Bantam, una parte del gigantesco grupo editorial multinacional Bertelsmann, sacará de su estado de hibernación algunos de sus indestructibles abogados y te aplastarán como a una cucaracha. Es lo lógico. No escribí este libro para que tú pudieras ganar dinero. Si alguien va a ganar dinero con este libro, ésos seremos mi editor y yo.
Mi editor se merece ganar dinero con este libro. Los chicos de Bantam Books no sólo me encargaron que lo escribiera y me pagaron una buena suma por ello, sino que además, valientemente, imprimieron un documento electrónico cuya reproducción podría ser un delito federal. Bantam Books y sus numerosos abogados fueron muy valientes con este libro. Es más, mi antigua editora de Bantam Books, Betsy Mitchell, se preocupó sinceramente por este proyecto y trabajó duro en él. Dio muchos y muy sabios consejos sobre el manuscrito. Betsy se merece que se reconozcan sus méritos, algo que rara vez los editores consiguen.
Los críticos se portaron bien con ‘The Hacker Crackdown’ y comercialmente hablando, le ha ido bien al libro. Por otro lado, no escribí este libro para arrebatar hasta el último centavo, de los bolsillos de estudiantes ciberpunks de secundaria con escasos recursos. Los adolescentes no tienen dinero -no, ni siquiera los seis dólares que cuesta la edición en rústica de ‘The Hacker Crackdown’, con su atractiva portada en rojo brillante y su útil índice. Es una de las razones principales por las que los adolescentes sucumben a veces a la tentación, de hacer cosas que no deberían, como mangarles mis libros a las bibliotecas. Niños: éste es completamente vuestro, ¿Entendido? Id a devolver la versión en papel. ‘8-)
Los bienintencionados activistas pro derechos civiles tampoco tienen mucho dinero. Y parece casi criminal, sacarle dinero a la mal pagada comunidad de agentes especializados en delitos electrónicos. Si eres un policía electrónico, un hacker o un activista pro ciberderechos, eres el lector ideal de este libro.
Escribí este libro porque quería ayudarte y ayudar a otra gente, a entenderte a ti y a tus, exclusivos, -¡eh!- problemas. Escribí este libro para ayudarte en tus actividades y para contribuir al debate público, de importantes asuntos políticos. Difundiendo el texto de esta manera, estoy contribuyendo directamente al objetivo definitivo del libro: ayudar a civilizar el ciberespacio.
La información quiere ser libre. Y la información que hay dentro de este libro anhela su libertad con una especial intensidad. Creo que en realidad, el hábitat natural de este libro es una red electrónica. Es posible que éste no sea el método más sencillo de conseguir ganancias para el autor, pero eso no importa. Este libro pertenece a este lugar por su naturaleza. He escrito otros libros -muchos otros. Escribiré más y estoy escribiendo más, pero éste es especial. He hecho que ‘The Hacker Crackdown’ esté disponible electrónicamente lo más ampliamente posible y si te gusta el libro y crees que es útil, haz tú lo mismo.
Puedes copiar este libro electrónico. ¡Cópialo mil puñeteras veces! Sé mi invitado y dále esas copias a todo el que las quiera. El aún joven mundo del ciberespacio está lleno de administradores de sistemas, profesores, ciberbibliotecarios, gurús de la red y varias especies de ciberactivistas. Si perteneces a alguno de estos grupos, sé como eres y sé por lo que pasas, cuando intentas ayudar a la gente a conocer la frontera electrónica. Espero que tener este libro en formato electrónico aliviará tus dificultades. Ciertamente, este tratamiento de nuestro espectro social electrónico, no es de lo mejor en rigor académico. Y políticamente puede ofender y molestar a casi todo el mundo. Pero, -¡Eh!- me han dicho que es legible y el precio no está nada mal.
Puedes dejar disponible el libro en BBS, en nodos de Internet, o en grupos de noticias. No lo dudes y hazlo, te doy permiso desde ahora mismo. Disfruta.
Puedes copiar el libro en un disquete y difundirlo así, mientras no obtengas beneficios por ello.
Pero este libro no es de dominio público. No puedes atribuirte el Copyright. Yo poseo el Copyright.
Intentar piratear el libro y ganar dinero vendiéndolo puede meterte en serios pleitos. Créeme, no vale la pena hacerlo por la miseria que vas a ganar. Este libro no te pertenece. De una extraña manera, siento incluso que tampoco me pertenece a mí. Es un libro sobre la gente del ciberespacio y distribuirlo así, es la mejor manera que conozco de hacer esta información fácil y gratuitamente accesible a todos ellos -incluyendo a gente lejos de las fronteras de los Estados Unidos, que de otra forma, puede que nunca tuvieran la oportunidad de ver una edición de este libro y hasta es posible, que aprendan algo útil de esta extraña historia de distantes y oscuros, aunque portentosos, acontecimientos, en el llamado “Ciberespacio Americano”.
Este libro electrónico es ahora, freeware literario. Ahora pertenece, a la emergente región de la economía de la información alternativa. No tienes ningún derecho, a convertir este libro en parte del flujo comercial convencional. Déjale ser parte del flujo de conocimiento: hay diferencia. He dividido este libro en cuatro secciones para que sea más fácil de descargar de una red. Si hay alguna sección en especial que puede ser importante para ti y tus colegas, puedes copiar esa parte y olvidarte del resto.
Simplemente haz más copias cuando lo necesites y dáselas a cualquiera que las pida.
Y ahora, disfrútalo.
Bruce Sterling - bruces@well.sf.ca.us
Cronología de La Caza de Hackers
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1865 |
- Se funda el Servicio Secreto de Estados Unidos (USSS). |
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1876 |
- Alexander Graham Bell inventa el teléfono. |
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1878 |
- Las autoridades, enfurecidas, expulsan por primera vez a unos chavales del sistema telefónico. |
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1939 |
- Redada del Servicio Secreto contra Los Futuristas, un grupo de aficionados a la ciencia-ficción. |
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1971 |
- Los Yippies, un grupo de phreaks, empiezan a publicar la revista ‘YIPL/TAP’. |
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1972 |
- La revista ‘Ramparts’ es confiscada por un escándalo de estafa con cajas azules. |
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1978 |
- Ward Christenson y Randy Suess crean la primera BBS (Bulletin Board System). |
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1982 |
- William Gibson acuña el término ciberespacio. |
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1982 |
- Redada contra el grupo 414 Gang. |
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1983-1983 |
- AT&T es desmantelada y convertida en varias empresas. |
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1984 |
- El Congreso aprueba el «Acta de Control Global de Delitos», dando al USSS, jurisdicción sobre los delitos con tarjetas de crédito y los delitos informáticos. |
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1984 |
- Se crea el grupo Legion of Doom. |
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1984 |
- Se funda la publicación ‘2600: The Hacker Quarterly’. |
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1984 |
- Publicado el ‘Whole Earth Software Catalog’. |
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1985 |
- Primer pinchazo policial en una BBS. |
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1985 |
- Comienza a funcionar el Enlace Electrónico Planetario (WELL). |
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1986 |
- Aprobada el «Acta de Fraudes y Delitos Informáticos». |
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1986 |
- Aprobada el «Acta de Privacidad de las Comunicaciones Electrónicas». |
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1987 |
- Agentes de Chicago forman la Brigada de Fraudes y Delitos Informáticos. |
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1988 |
- Julio. El Servicio Secreto graba con cámaras ocultas el encuentro de hackers «SummerCon». |
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1988 |
- Septiembre. Prophet asalta la red de computadoras AIMSX de BellSouth y descarga a su computadora y a Jolnet el documento E911. |
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1988 |
- Septiembre. El Departamento de Seguridad de AT&T es informado de la acción de Prophet. |
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1988 |
- Octubre. El Departamento de Seguridad de Bellcore es informado de la acción de Prophet. |
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1989 |
- Enero. Prophet le envía a Knight Lightning el documento E911. |
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1989 |
- 25 de febrero. Knight Lightning publica el documento E911 en la revista electrónica PHRACK. |
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1989 |
- Mayo. La Brigada de Chicago registra la casa de Kyrie y la detiene. |
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1989 |
- Junio. El grupo NuPrometheus League distribuye software propiedad de Apple Computer. |
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1989 |
- 13 de junio. La oficina del Estado de Florida encargada de los presos en libertad condicional, es conectada a una línea de sexo telefónico al ser alterada una centralita. |
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1989 |
- Julio. El Servicio Secreto y la Brigada de Fraudes y Delitos Informáticos de Chicago registran la casa de Fry Guy. |
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1989 |
- Julio. El Servicio Secreto registra las casas de Prophet, Leftist y Urvile, en Georgia. |
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1990. |
- 15 de enero. La caída del sistema del Día de Martin Luther King deja inoperativa la red de larga distancia de AT&T en todo el país. |
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1990 |
- 18 y 19 de enero. La Brigada de Chicago registra la casa de Knight Lightning en Saint Louis. |
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1990 |
- 24 de enero. El Servicio Secreto y la Policía del Estado de Nueva York registran las casas de Phiber Optik, Acid Phreak y Scorpion, en Nueva York. |
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1990 |
- 1 de febrero. El Servicio Secreto registra la casa de Terminus en Maryland. |
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1990 |
- 3 de febrero. La Brigada de Chicago registra la casa de Richard Andrews. |
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1990 |
- 6 de febrero. La Brigada de Chicago registra la oficina de Richard Andrews. |
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1990 |
- 6 de febrero. El Servicio Secreto arresta a Terminus, Prophet, Leftist y Urvile. |
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1990 |
- 9 de febrero. La Brigada de Chicago arresta a Knight Lightning. |
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1990 |
- 20 de febrero. El Departamento de Seguridad de AT&T desconecta la computadora de acceso público «Attctc» de Dallas. |
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1990 |
- 21 de febrero. La Brigada de Chicago registra la casa de Robert Izenberg en Austin. |
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1990 |
- 1 de marzo. La Brigada de Chicago registra las oficinas de Steve Jackson Games, Inc., y las casas de The Mentor y Erik Bloodaxe, en Austin. |
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1990 |
- 7, 8 y 9 de mayo. El Servicio Secreto y el Departamento de Crimen Organizado de Arizona llevan a cabo, dentro de la «Operación Sundevil», registros en Cincinatti, Detroit, Los Angeles, Miami, Newark, Phoenix, Pittsburgh, Richmond, Tucson, San Diego, San Jose y San Francisco. |
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1990 |
- Mayo. El FBI interroga a John Perry Barlow sobre el caso NuPrometheus. |
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1990 |
- Junio. Mitch Kapor y Barlow, fundan la Electronic Frontier Foundation; Barlow publica el manifiesto ‘Crimen y Desconcierto’. |
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1990 |
- 24 a 27 de julio. Juicio de Knight Lightning. |
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1991 |
- Febrero. Mesa redonda de CPSR en Washington D.C. |
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1991 |
- 25 a 28 de marzo. Conferencia «Computadoras, Libertad y Privacidad», en San Francisco. |
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1991 |
- 1 de mayo. La Electronic Frontier Foundation, Steve Jackson y otros, emprenden acciones legales contra los miembros de la Brigada de Chicago. |
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1991 |
- 1 y 2 de julio. Una caída del software de las centralitas, afecta a Washington, Los Angeles, Pittsburgh y San Francisco. |
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1991 |
- 17 de septiembre. Una caída del sistema telefónico de AT&T afecta a Nueva York y a tres aeropuertos. |
Introducción
Este es un libro sobre policías, locos adolescentes prodigio, abogados, anarquistas, técnicos industriales, hippies, millonarios con negocios en la alta tecnología, aficionados a los juegos, expertos en seguridad en computadoras, agentes del Servicio Secreto, y ladrones.
Este libro trata, sobre la frontera electrónica de los 90. Habla de actividades que tienen lugar en computadoras y líneas telefónicas.
Un escritor de ciencia ficción, acuñó en 1982, el útil término ciberespacio. Pero el territorio en cuestión, la frontera electrónica, tiene unos ciento treinta años. El ciberespacio es el lugar en el que una conversación telefónica parece tener lugar. No en el interior de tu teléfono, el dispositivo de plástico de tu mesa. No en el interior del teléfono de la otra persona, en otra ciudad. El lugar entre los teléfonos.
El lugar indefinido de ahí fuera, donde vosotros dos, dos seres humanos, os encontráis y os comunicáis.
Aunque no es exactamente real, el ciberespacio es un lugar que existe. Hay cosas que ocurren allí que tienen consecuencias muy reales. Este lugar no es real, pero es serio, es importante. Decenas de miles de personas han dedicado su vida a él, el servicio público de comunicación por cable y sistemas electrónicos.
La gente ha trabajado en esta frontera desde generaciones. Unos se hicieron ricos y famosos por su trabajo en ella. Algunos simplemente jugaron en ella, como aficionados y otros reflexionaron seriamente sobre ella, escribieron sobre ella, la regularon, llevaron a cabo negociaciones sobre ella en foros internacionales y se demandaron unos a otros por ella, en gigantescas y épicas batallas legales, que duraron años. Y casi desde el principio, algunas personas han cometido delitos en este lugar.
Pero en los últimos veinte años, este espacio eléctrico, que antes era delgado, oscuro y unidimensional -poco más que un estrecho tubo, estirándose de un teléfono a otro-, se ha abierto explosivamente, como una versión gigantesca de esas cajas con un muñeco de resorte. La luz lo inunda, la fantasmagórica luz de la brillante pantalla de la computadora. Este oscuro submundo eléctrico se ha convertido en un vasto y floreciente paisaje electrónico. Desde la década de los 60, el mundo del teléfono se ha entremezclado con las computadoras y la televisión. Y aunque no hay materia aún en el ciberespacio, nada que puedas manejar, tiene ahora una extraña clase de corporeidad.
Hoy en día tiene sentido hablar del ciberespacio, como de un lugar. Porque ahora la gente vive en él. No unas pocas personas, no sólo unos pocos técnicos y algunos excéntricos, sino miles de personas, personas corrientes. Y no durante poco rato, sino durante horas a lo largo de semanas, meses, años. El ciberespacio es hoy en día una Red, una Matriz de alcance internacional, que crece rápida y constantemente. Crece en tamaño, en riqueza y en importancia política.
Hay gente, cuya carrera profesional está teniendo lugar por completo en el ciberespacio. Científicos y técnicos, por supuesto; han estado allí desde hace veinte años. Pero el ciberespacio se llena cada vez más, de periodistas, médicos, abogados, artistas y empleados. La carrera profesional de los funcionarios públicos ahora tiene lugar allí, conectados a enormes bases de datos del gobierno; y lo mismo le ocurre a los espías, sean espías industriales, de agencias del gobierno, o simples fisgones; y también a los policías, al menos a unos pocos de ellos. Y ahora hay niños que viven allí.
Hay gente, que se ha conocido y se ha casado allí. Hay comunidades enteras viviendo en el ciberespacio hoy en día; charlando, cotilleando, planeando, consultándose y esquematizando, enviándose unos a otros correo de voz y correo electrónico, dándose unos a otros grandes e ingrávidos bloques de valiosos datos, legítimos e ilegítimos. Se pasan muchas veces software y a veces virus informáticos muy infecciosos.
Realmente, aún no entendemos cómo vivir en el ciberespacio. Estamos buscando nuestro camino en él, tropezándonos. No es nada sorprendente. Nuestras vidas en el mundo físico, el mundo real, también están muy lejos de ser perfectas, a pesar de tener mucha más práctica. La vida humana, la verdadera vida, es imperfecta por naturaleza y hay seres humanos en el ciberespacio. La forma en la que vivimos en el ciberespacio, es un espejo de la forma en la que vivimos en el mundo real. Llevamos con nosotros nuestras virtudes y nuestros problemas.
Este libro trata de problemas en el ciberespacio. Específicamente, sobre ciertos sucesos extraños que tuvieron lugar en 1990, un asombroso año sin precedentes para el creciente mundo de las comunicaciones informatizadas.
En 1990 tuvo lugar en todo el país una caza de hackers, con arrestos, denuncias, un dramático juicio-espectáculo, varias condenas y abundantes confiscaciones de datos y equipos en todo Estados Unidos.
La Caza de Hackers de 1990, fue mayor, mejor organizada, más intencionada y más decidida, que cualquier otra acción previa en el valiente nuevo mundo del delito informático. El Servicio Secreto de Estados Unidos, civiles expertos en seguridad telefónica, departamentos, brigadas de policía estatales y locales, unieron sus recursos en un decidido esfuerzo, por aplastar la cabeza del underground electrónico americano. Fue una campaña fascinante, con resultados muy dispares.
La Caza de Hackers tuvo otro efecto sin precedentes; provocó la creación dentro de la comunidad informática, de la Electronic Frontier Foundation, un nuevo y extraño grupo de presión, tenazmente dedicado al establecimiento y la protección de los derechos civiles electrónicos. La Caza, notable por sí misma, creó un tumultuoso debate sobre el delito electrónico, las penas, la libertad de prensa, y cuestiones referentes a registros y confiscaciones de bienes. La política ha entrado en el ciberespacio.
Allí donde va la gente, va la política.
Ésta es la historia de la gente del ciberespacio.
1 Reventando el sistema
El 15 de enero de 1990, el sistema de centralitas de larga distancia de AT&T se vino abajo.
Fue un extraño y grave suceso de proporciones gigantescas. Sesenta mil personas se quedaron sin teléfono. Durante las nueve largas horas de desesperados trabajos que llevó restablecer el servicio, unas setenta millones de llamadas no pudieron realizarse.
Los fallos de servicio, conocidos como cortes en el mundo de las telecomunicaciones, son un riesgo conocido y aceptado en el negocio telefónico. Los huracanes hacen que miles de cables de teléfono se partan. Los terremotos arrancan cables de fibra óptica enterrados. Las centralitas se incendian y no quedan más que cenizas. Estas cosas ocurren. Hay planes de emergencia para resolverlas y décadas de experiencia tras ello. Pero la caída del 15 de enero no tenía precedentes. Fue increíblemente enorme y ocurrió sin razón física aparente.
El fallo de sistema comenzó un lunes por la tarde en una centralita de Manhattan. Pero a diferencia de cualquier simple daño físico, se extendió y extendió. Centralitas de toda América, se colapsaron una tras otra en una reacción en cadena, hasta que la mitad de la red de AT&T se estropeó. Mientras, la otra mitad tenía dificultades para hacerse con la sobrecarga.
Después de nueve horas, los ingenieros de software de AT&T comprendieron más o menos qué había producido el fallo. Reproducir el problema exactamente, estudiando minuciosamente el software línea a línea, les llevó un par de semanas. Pero como era difícil de entender técnicamente, toda la verdad del asunto y sus implicaciones no fueron amplia y detalladamente explicadas. La causa principal del fallo, se mantuvo en la oscuridad, rodeada de rumores y de temor.
El fallo, fue una gran vergüenza para la compañía. El culpable, era un error en el propio software de AT&T, algo que no era de la clase de culpas que el gigante de las telecomunicaciones quería reconocer, especialmente al tener que enfrentarse a una competencia cada vez mayor. Al menos se dijo la verdad, en los desconcertantes términos técnicos, que era necesario emplear para explicarlo.
De alguna manera, la explicación no convenció a las agencias de seguridad del Estado americanas, e incluso, tampoco al personal de seguridad de las empresas de telefonía. Estas personas no eran expertos técnicos o grandes programadores y habían elaborado sus propias sospechas acerca de la causa del desastre.
La policía y los departamentos de seguridad de telecomunicaciones, tenían importantes fuentes de información, que eran denegadas a simples ingenieros de software. Tenían informadores en el underground informático y años de experiencia en tratar con cierto gamberrismo de alta tecnología, que parecía hacerse cada vez más sofisticado. Durante años habían estado esperando un ataque directo y salvaje contra el sistema telefónico americano. Y con la caída del sistema del 15 de enero -la primera de una nueva década de alta tecnología- sus predicciones, miedos y sospechas, parecían haber entrado en el mundo real. Un mundo, en el que el sistema telefónico no había fallado por sí solo, sino que había sido atacado por hackers.
El fallo, creó una nube oscura de sospechas, que determinaría las suposiciones y acciones de cierta gente durante meses. El hecho, de que tuviera lugar en el área de software era sospechoso. El hecho de que ocurriera el Día de Martin Luther King, aún hoy la fiesta americana con más carga política, hizo todo, todavía más sospechoso.
La caída del sistema del 15 de enero, propició que se considerara urgente y necesaria La Caza de Hackers. Hizo que gente, gente poderosa en puestos de autoridad, deseara creer lo peor. Y fatalmente, ayudó para que los investigadores desearan tomar medidas extremas y preservaran un casi total secretismo.
Un oscuro fallo de software en un anticuado sistema de centralitas de Nueva York, iba a provocar una reacción en cadena de problemas constitucionales y legales en todo el país.
Al igual que el fallo en el sistema telefónico, esta reacción en cadena estaba esperando la primera ocasión para ocurrir. Durante los 80, el sistema legal americano fue ampliamente parcheado para enfrentarse a los nuevos asuntos que traía consigo el delito informático. Estaba, por ejemplo, el “Acta de Privacidad de las Comunicaciones Electrónicas de 1986″ -elocuentemente descrita, como una cosa apestosa por un oficial de policía-. Y también estaba la draconiana “Acta de Fraudes y Delitos Informáticos de 1986″, aprobada unánimemente por el Senado de los Estados Unidos, que después demostraría tener un gran número de defectos. Se habían hecho grandes y bienintencionados esfuerzos para mantener al día el sistema legal. Pero en el día a día del mundo real, incluso el software más elegante, tiende a derrumbarse y mostrar repentinamente sus fallos ocultos.
Si el sistema telefónico lo parecía, el sistema legal americano no estaba en ruinas por un fallo temporal; pero para aquéllos que fueron aplastados por el peso del sistema en colapso, la vida se convirtió en una serie de desvanecimientos y anomalías.
Para entender por qué ocurrieron estos extraños sucesos, en el mundo de la tecnología y en el de las leyes, no basta con entender los simples problemas técnicos. Llegaremos a entenderlos; pero para empezar, debemos intentar entender cómo funciona el teléfono, el negocio de la telefonía y la comunidad de seres humanos que los teléfonos han creado.
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La tecnología tiene ciclos vitales, al igual que las ciudades, las instituciones, las leyes o los gobiernos. El primer estadio de un invento es el Interrogante, también conocido por el estadio de “Prototipo Imaginario”. En esta temprana etapa, el invento es sólo un fantasma, un simple reflejo en el ojo del inventor. Uno de dichos inventores fue un profesor de fisiología vocal y electricista aficionado, llamado Alexander Graham Bell.
Los primeros inventos de Bell, aunque ingeniosos, no movieron el mundo. En 1863, siendo Bell un adolescente, fabricó, junto a su hermano Melville, un mecanismo artificial de habla, hecho de madera, caucho, gutapercha y hojalata. Este extraño dispositivo tenía una lengua cubierta de caucho, hecha de segmentos móviles de madera y cuerdas vocales, labios y mejillas, de caucho. Mientras Melville accionaba un fuelle dentro de un tubo de hojalata, imitando a los pulmones, el joven Alec Bell manipulaba los labios, los dientes y la lengua, haciendo que aquella cosa emitiera un galimatías de sonidos en un falsete muy agudo.
Otro aspirante a gran avance técnico fue el “fonoautógrafo” de Bell de 1874, hecho con el oído completo de un cadáver. Colocado en un trípode, este espeluznante artilugio dibujaba ondas de sonido en un cristal ahumado utilizando una plumilla pegada a los huesecillos del oído.
La mayoría de los “Prototipos Imaginarios” no van a ninguna parte. Pero el segundo estadio de un invento es la “Estrella Naciente” o el estadio de “Prototipo Tonto”. El teléfono, el artilugio más ambicioso de Bell, alcanzó esta fase el 10 de marzo de 1876. Aquel gran día, Alexander Graham Bell se convirtió en la primera persona que logró transmitir eléctricamente voz humana comprensible. Lo que ocurrió fue que el joven Profesor Bell, trabajando intensamente en su laboratorio de Boston, se echó ácido accidentalmente en los pantalones. Su ayudante, el Sr. Watson, oyó sus gritos de ayuda a través del audio-telégrafo experimental de Bell. Era un hecho sin precedentes.
Los inventos en su estadio de “Prototipo Tonto” rara vez funcionan muy bien. Son experimentales y por tanto, están a medio hacer y bastante hechos polvo. El prototipo puede ser atrayente, original y dar la impresión de ser bueno de una manera u otra. Pero nadie, incluyendo al inventor, está muy seguro de por qué es así. Los inventores y los entendidos pueden tener ideas muy firmes sobre su uso potencial, pero con frecuencia estas ideas están equivocadas.
El hábitat natural del “Prototipo Tonto” son las ferias comerciales y la prensa. Los inventos recién nacidos necesitan publicidad e inversiones al igual que un ternero necesita leche. Esto era muy cierto hablando de la máquina de Bell. Para conseguir dinero, Bell hizo un tour con su dispositivo como una atracción de feria.
Los artículos de prensa de la época dicen, que el debut del teléfono provocó un asombro alegre, mezclado con mucho miedo. El teléfono que Bell usaba en sus demostraciones era una gran caja de madera con una rudimentaria boquilla, teniendo el aparato un tamaño algo mayor que el de una cámara Brownie. Su vibrante altavoz de acero, con potentes electroimanes, era lo suficientemente potente como para oírse en todo un auditorio. Watson, el ayudante de Bell, hábil intérprete de órgano, tocaba junto a un teléfono desde habitaciones a cierta distancia y más tarde, tocó desde otras ciudades. Esto fue considerado maravilloso, pero también inquietante.
El concepto original que Bell tenía sobre el teléfono, una idea que defendió durante un par de años, era el de convertirlo en un medio de masas. Hoy podemos ver que la idea original de Bell se aproxima al moderno hilo musical. Desde una central, los teléfonos transmitirían música, sermones dominicales e importantes discursos a una red de abonados.
En aquel momento, la mayoría de la gente pensaba que este concepto sonaba bien. De hecho, la idea de Bell era factible. En Hungría, esta utilización del teléfono fue llevada a la práctica diaria con éxito. En Budapest, durante décadas, desde 1893 hasta después de la Primera Guerra Mundial, había un servicio de información perteneciente al gobierno llamado “Telefon Hirmondo1/2″. “Hirmondo1/2″ fue una fuente centralizada de noticias, entretenimiento y cultura, incluyendo información bursátil, obras de teatro, conciertos y lecturas de novelas. A determinadas horas del día, el teléfono sonaba, conectabas un altavoz para que lo oyera toda la familia y “Telefon Hirmondo1/2″ estaba en antena, o mejor dicho, en el teléfono.
Hirmondo1/2 es una tecnología muerta hoy en día, pero “Hirmondo1/2″ podría ser considerado el ancestro espiritual de los modernos servicios informáticos de datos a los que se accede por línea telefónica, como Compuserve, Genie o Prodigy. El principio que subyace bajo la idea de “Hirmondo1/2″ tampoco está muy lejos de las BBS, que aparecieron a finales de los años 70 y se extendieron rápidamente por América, éstas aparecerán con frecuencia en este libro.
Estamos acostumbrados a usar los teléfonos para conversaciones individuales porque estamos acostumbrados al sistema de Bell. Pero ésta podría ser sólo una posibilidad entre muchas. Las redes de comunicación son muy flexibles y potentes, especialmente cuando su hardware es suficientemente avanzado. Pueden utilizarse para todo tipo de cosas. Así ha sido y así seguirá siendo.
El teléfono de Bell había sido elegido para la gloria, pero esto se debió a una combinación de decisiones políticas, astutas batallas judiciales, inspirados liderazgos en la industria, actitudes locales muy receptivas y pura buena suerte. Mucho de esto es hoy también válido para los sistemas de comunicaciones actuales.
Bell y sus patrocinadores, al luchar para instalar su moderno sistema en el mundo real de la Nueva Inglaterra del siglo XIX, tuvieron que enfrentarse al escepticismo y la competencia de otras industrias. Ya había entonces una fuerte red eléctrica de comunicaciones en América: el telégrafo. El presidente del sistema telegráfico de Western Union despreció el prototipo de Bell, llamándolo juguete eléctrico y rehusó comprar los derechos de patente de Bell. El teléfono, al parecer, podía estar bien como entretenimiento de salón, pero no para negoc